Avanzar aunque cueste: porque la arquitectura no siempre es un camino de rosas

    Esta semana no tengo mucho que escribir ni demasiado tiempo para hacerlo, pero sí algo claro: es fundamental aprender a usar los programas con anticipación y no quedarse solo con lo que enseñan en clases. Esa falta de práctica previa se nota, y ahora lo estoy viviendo en carne propia.


INTENTO FALLIDO:

*Aún no he encontrado el que más se aproxima al resultado final.


ALGUNOS ESQUEMAS:


    Voy bastante atrasada con la entrega y he estado probando distintas maneras de resolver los espacios públicos, mezclando croquis con Revit para poder dimensionarlos mejor. Aún no sé cómo abordaré la planimetría estructural; lo más probable es que tenga que pedir ayuda a quienes realmente manejan el tema. Me lo han ofrecido varias veces y creo que por fin tendré que aceptar ese apoyo.

    Agradezco mucho a todas las personas que me acompañan en este proceso. Quienes no pueden ayudarme con la planimetría me apoyan con la maqueta y también con palabras de ánimo, ideas y un consuelo que se agradece en los momentos más tensos. Mis compañeras, además, siempre están ahí con consejos y apoyo para seguir adelante cuando la entrega se vuelve pesada.

Reflexión final

    No siempre se avanza al ritmo que uno quisiera, y a veces la entrega pesa más de la cuenta. Pero este proceso también enseña que pedir ayuda no es una debilidad, sino una forma de crecer. La arquitectura no se construye sola: se levanta con práctica, con ensayo y error, y con el apoyo de quienes nos rodean. Aunque el camino sea difícil, cada semana deja una lección que termina sumando a nuestra formación.

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