Primera entrega: diagnóstico y enfoques de intervención

Esta semana estuvo marcada por la primera entrega del semestre, una etapa intensa y demandante en la que finalmente presentamos nuestro diagnóstico. Si bien aún reconocemos ciertas falencias en el trabajo, creemos que el discurso y la propuesta comienzan a tomar forma hacia algo que puede resultar interesante y desafiante de desarrollar en lo que queda de curso.



Nuestro enfoque giró en torno a la seguridad e inseguridad presentes en las poblaciones Aurora de Chile y Pedro de Valdivia Bajo. Estos sectores reflejan con fuerza la desvinculación espacial y social que se da actualmente: calles principales muy transitadas pero poco amigables para los peatones, vías inconexas que funcionan como callejones, espacios estrechos acompañados de fachadas continuas que generan cerramiento y reducen la visibilidad a lo largo de gran parte de la población.


A partir de este diagnóstico, los puntos críticos se localizaron en las áreas donde la sensación de inseguridad es mayor, pero también en aquellas que poseen equipamientos de relevancia comunitaria. La propuesta busca articular estos espacios mediante la prolongación de la calle Costanera a través de una vía peatonal —aún por definir si será de uso exclusivo para peatones— y el ensanchamiento de la calle Errázuriz como eje conector principal entre ambas poblaciones. Este nuevo eje pretende consolidarse como un bulevar con tres tramos diferenciados según el carácter de los equipamientos aledaños:


1. Carácter comercial-recreativo, próximo a la cancha Huracán, pensado como un espacio de uso mixto (vivienda y comercio).



2. Carácter socio-cultural, en torno a las antiguas fábricas y al colegio, con la idea de un centro comunitario y de la memoria, incluyendo talleres y museo.



3. Carácter socio-recreativo, cercano a la cancha y al jardín infantil en Pedro de Valdivia Bajo, con propuestas de espacios infantiles y huertos comunitarios.




Reflexión final


Más allá de los aciertos y errores propios de esta primera etapa, el ejercicio nos permitió reconocer cómo la inseguridad no es un fenómeno aislado, sino un resultado directo de la forma en que se configura y percibe el espacio urbano. Como estudiantes de arquitectura, enfrentarnos a este diagnóstico nos recuerda que proyectar no es solo diseñar formas, sino también pensar en cómo esas formas influyen en la vida cotidiana, en la cohesión social y en la posibilidad de construir barrios más habitables y seguros.

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