Inicio del Proceso para el Plan de Intervención Barrial

 

    Esta semana hemos continuado desarrollando el análisis urbano de Bellavista, Tomé, consolidando los avances iniciados en módulos anteriores. Este proceso ha sido clave para comenzar a delinear las principales limitaciones y oportunidades del sector, aspectos fundamentales para la propuesta arquitectónica que se está gestando.


    Al inicio del trabajo de campo, nos encontramos en una etapa de reconocimiento: si bien teníamos una comprensión general del área, existían vacíos críticos en la identificación precisa de los elementos clave que estructuran y condicionan el territorio. Con la retroalimentación recibida, se definió la necesidad de profundizar en ciertos aspectos mediante la creación de nuevas capas de análisis, ampliando el mapa para enfocarnos exclusivamente en la zona de estudio, lo que ha permitido una lectura más detallada y contextualizada.

    Entre las capas trabajadas, destacamos los límites del sector, que se expresan principalmente en los bordes naturales y urbanos, como el estero que bordea gran parte del área y que actúa tanto como una frontera física como un riesgo potencial por las recurrentes inundaciones. Este elemento natural se convierte en un condicionante importante a considerar en cualquier intervención.

    Otro aspecto crítico son las residencias, que se disponen mayormente hacia el interior del sector y, de manera paradójica, funcionan como una barrera que limita la relación de la comunidad con los bordes naturales, como el cerro y el estero. Además, observamos cómo los usos formales e informales se concentran en estos bordes y entre las viviendas, reflejando dinámicas complejas de apropiación del espacio.

    En cuanto a las oportunidades, identificamos diversos elementos clave: áreas de cohesión social, sendas y nodos estratégicos. Estos espacios ofrecen potencial para ser fortalecidos a través de proyectos detonantes que promuevan la integración y revitalización del barrio. También se destacan los corredores ecológicos y la cercanía a equipamientos urbanos que, si se articulan adecuadamente, pueden mejorar la calidad de vida y la conectividad territorial.

    Durante la última salida de terreno, profundizamos en la identificación de barreras perceptuales y espaciales, reconociendo cómo la infraestructura residencial actual da la espalda tanto al cerro como al estero, generando un vacío relacional que debilita la cohesión urbana. La presencia de riesgos —como inseguridad, acumulación de basura, inundaciones, remoción en masa e incendios— sigue siendo un tema crítico, que debe ser abordado no solo desde la mitigación sino también desde una visión regenerativa del espacio.



Análisis Final y Reflexiones

    Este proceso ha dejado en evidencia que Bellavista, pese a sus múltiples limitaciones, presenta oportunidades valiosas para reactivar su tejido urbano y natural. La clave estará en entender el territorio desde una perspectiva integral, que considere no solo las dimensiones físicas, sino también las sociales y perceptuales. La incorporación de proyectos detonantes debe basarse en preguntas esenciales: ¿Cómo activar los espacios de borde?, ¿Qué tipo de equipamiento puede fortalecer la cohesión social?, ¿Cuáles son las características inherentes que se pueden potenciar?

    El reto está en transformar las barreras actuales en conexiones y resignificar los riesgos como oportunidades para diseñar soluciones resilientes que permitan mejorar la habitabilidad del sector.

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